Tras un inicio dubitativo Perroflauta se rehizo para voltear el marcador en una gran segunda mitad. El guardameta de HTZ evitó una goleada aun más dolorosa para su equipo.
Las nueve de la mañana no es hora para jugar al fútbol o a cualquier otro deporte, eso se sabe desde el inicio de los tiempos, va en nuestros genes desde hace generaciones. Nuestros antepasados prehistóricos no salían a cazar a las nueve de la mañana, preferían no desayunar antes que ponerse a correr tras un conejo o un jabalí a esas horas. Y así ha sido generación tras generación hasta llegar a nosotros, un domingo por la mañana del siglo XXI, cuando tras escuchar el pitido inicial (todo sea dicho, de un tipo que no tiene ese problema porque sabe que no se va a mover ni un ápice del centro del campo) decidimos que no son horas y que no vamos a correr en pantalón corto, con la rasca que hace, tras seis tipos que se pasan un balón. Y si, he dicho seis y no siete, porque uno de ellos, con antepasados neandentales como nosotros, también decidió que ya si eso llegaba con el encuentro empezado.
Y con estas HTZ fue creando ocasiones pese a la inferioridad numérica, ocasiones que poco a poco fueron siendo más claras hasta que se lograron poner por delante. Uno a cero y los Perroflauta sin dar atisbos de tener ganas de empezar a correr. Tuvo que ser Mac, seguramente porque al ser de una isla sus antepasados no se relacionaron con los nuestros, el primero en decir "hasta aquí", y con un lanzamiento de chilena a la cruceta hizo despertar a sus compañeros, quienes debieron pensar que las nueve y media ya va siendo hora de empezar el día y se pusieron manos a la obra con la remontada.
Siendo ya siete contra siete, y con las legañas ya quitadas empezó la hora de correr, de hacer bailar al contrario, y sobre todo de hacer volar al portero rival. David fue el encargado de igualar el marcador, para que después Suso tras varios intentos fallidos marcase el segundo. HTZ pudo empatar pero unas veces un inspirado Raúl y otras unas buenas manos del Men lo evitaron. Sería el propio Raúl el encargado de poner la tranquilidad con un tanto de garra. Con el equipo bien entonado llegó el momento de dar por concluida esta jornada deportiva, que media hora ya cansa y no estamos para estos trotes, así que tras poner el 1-5 en el tanteador nos dedicamos a sestear porque ya apetece la siesta del carnero a estas horas, y que más da que nos metan un segundo.
Ganamos, seguimos arriba peleando por el primer puesto, pero esperamos que la genética no sea 100% vinculante y podamos este año si, por fin, ser campeones por mucho que la ciencia apueste por lo contrario.
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